Para toda la vida

La familia es un regalo que podemos dar por hecho y descuidarlo poco a poco, sin darnos cuenta, hasta que pierde su carácter fundamental. En este reportaje, Víctor y Eva nos enseñan cómo su fe en Jesús les lleva a poner sus relaciones familiares en el lugar que merece.

Un proyecto de vida.
Desde su juventud, Víctor y Eva han vivido su fe con autenticidad y honestidad, algo que les llevó a plantearse en su mismo noviazgo un enfoque muy intencional mientras planeaban su futura familia.
Fueron sus experiencias personales de encuentro con Dios y el deseo de ambos de obedecerle, lo que hizo de su matrimonio una decisión con propósito y determinación.
En las manos de Dios
Dicen que el hombre propone y Dios dispone, un dicho que encaja en la vivencia de Víctor y Eva ante su deseo de ser padres. Fue un sueño que se cumplió a los pocos años de casados, pero ellos también necesitaron descansar en las manos de Dios cuando las noticias de su futuro bebé parecieron no ser tan buenas.
Tener claro que la vida no les pertenece, que Dios es soberano para darla o quitarla, les ayudó a tomar las noticias de los especialistas como una posibilidad, pero no como la última palabra. En palabras de Eva “yo tenía mucha paz porque viniera lo que viniera íbamos a amar a nuestro bebé”.
Raíces y alas
Josué y Nora son el fruto de su amor, dos jovencitos en los que la pareja ha invertido tiempo y dedicación. Víctor cuenta que los hijos tienen su propia personalidad y carácter, evolucionan y crecen “pero nosotros siempre hemos estado detrás, orando y procurando crear un hogar en el que ellos puedan desarrollar todo su potencial”.
Para Eva es el momento de soltarles para que vuelen, una vez se les ha dado raíces a las que aferrarse.

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Jóvenes y Evangelio: Relación

Ninguna generación ha crecido tan interconectada como la de nuestros jóvenes, por medio de la tecnología, sin embargo, la sensación de soledad y aislamiento son una realidad. ¿Cómo pueden los cristianos paliar esta situación? Hoy abordamos este tema de la mano nuevamente de dos miembros de la Generación Z: Marta López, que es trabajadora social y experta en redes sociales, y Pablo Salvador, periodista y comunicador audiovisual.

A Marta y Pablo les encanta tener conversaciones profundas con los jóvenes. Desean impactar sus vidas y ofrecerles ese espacio donde puedan hacerse vulnerables y tratar temas que no pueden tratar con otras personas. “Nuestro enfoque, cuando estamos con ellos, es conocerles y amarles como Jesús lo haría” comenta Marta.

Conectados en soledad

Miles de followers o cientos de likes son, en muchas ocasiones, el estilo de vida relacional que tienen los jóvenes, pero “las redes sociales pueden ser un poco tramposas” apunta Pablo, “ya que un emoticono no es comparable con el abrazo de un amigo”. De hecho, Jesús sanó en ocasiones a través del contacto físico. No podemos ignorar la realidad de nuestra necesidad de relaciones presenciales.

Acompañados por la comunidad de fe

Las nuevas generaciones siguen necesitando acompañamiento, tanto de personas cuya trayectoria con Jesús sea un referente espiritual, como de iguales que aman a Dios y buscan seguirle con integridad. Esas personas “con más conocimiento de la Biblia que tú con quienes hablar sin prejuicios”, apunta Marta López.

Según Pablo “la iglesia no es un hotel para cristianos, sino un hospital para pecadores” donde otros te puedan sostener cuando lo necesites. También piensa que la iglesia es el “lugar apartado” donde experimentar descanso de la tiranía de lo urgente.

Iglesias anima a los jóvenes a “encontrar en contextos seguros a personas en las que depositar su confianza y ser transparentes”. Porque Jesús también compartió sus temores con los amigos más cercanos.

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